– ¿Qué es lo más difícil de tener una empresa de fumigación en Argentina?

– Lo más difícil es sostener un trabajo responsable en un mercado donde muchos priorizan cobrar rápido antes que hacer las cosas bien. Hoy cualquiera compra un producto, se arma de “confianza” y sale a trabajar sin preparación. Eso genera un problema enorme: ponen en riesgo al cliente, dañan el medio ambiente y dejan una imagen distorsionada del rubro.

Además, la presión económica hace que algunas empresas aprovechen la desesperación de la gente, especialmente en casos de abejas, y eso agrava todavía más la situación.


– ¿Qué sentís que está mal en el rubro de las empresas de fumigación en Argentina?

– Hay varias cosas que están mal. Primero, la falta de criterio: no todo se soluciona tirando producto. Muchas empresas aceptan trabajos que no deberían hacer solo para facturar.

Segundo, la falta de capacitación. Mandan a operarios sin experiencia a resolver situaciones delicadas, como enjambres, sin evaluar si realmente hay un riesgo. Si las abejas están de paso, no hay que fumigar. Hay que observar, explicar, asesorar. No se trata de matar por matar.

Y tercero, la falta de responsabilidad ambiental. Las abejas son fundamentales y matarlas es un daño enorme. Pero como retirar un panal puede costar $340.000, la gente no lo puede pagar y muchas empresas aprovechan eso para vender una fumigación de $120.000, aunque no sea la solución adecuada. Esa disparidad económica termina incentivando prácticas peligrosas para la naturaleza.


– ¿Por qué se genera tanta desesperación con los casos de abejas?

– Porque la gente no sabe qué hacer. Ven un enjambre y piensan que se van a quedar ahí para siempre o que los van a atacar. Pero muchas veces es al revés: las abejas se posan a descansar un rato o un día y después siguen camino.

Hace poco me llamó un cliente desesperado. Quería que vaya ya mismo, sin importar el costo. Yo podría haber tomado el trabajo y cobrarle, pero le expliqué que era mejor esperar 24 horas para ver si se iban solas. Y así fue: al día siguiente no había ninguna.

Cualquier otra empresa habría aprovechado la urgencia y mandado un operario igual.


– ¿Qué riesgos existen cuando se fumiga un enjambre sin necesidad?

– El principal riesgo es matar abejas. Y hoy eso es un atentado ecológico. Las abejas no son una plaga: son un recurso vital. Su rol en la polinización es clave para la vida, la producción de alimentos y el equilibrio ambiental.

Si realmente hay que intervenir, debe hacerse de manera profesional, informada y con respeto. No se puede tomar a la fumigación como una solución automática para todo.


– ¿Cómo afecta la desigualdad económica esta problemática?

– Afecta muchísimo. En Profumigar nos contactamos con un apicultor para derivar casos y preservar los enjambres. Pero nos encontramos con que retirar un panal puede costar $340.000 o más. La mayoría de las familias no puede pagar eso.

Entonces, ¿qué hacen? Terminan gastando $120.000 en una fumigación. Lo entiendo: es más accesible. Pero al mismo tiempo genera prácticas que dañan al ecosistema. Es un conflicto entre lo económico y lo ambiental, y las empresas no deberían aprovecharlo.


– ¿Qué debería cambiar para mejorar la situación?

– Necesitamos crear sistemas reales para proteger a las abejas y que no sean impagables para la gente. Y las empresas de fumigación tienen que comprometerse a trabajar bien, a no matar abejas cuando no es necesario y a asesorar honestamente.

Si todas las empresas actuaran con responsabilidad, no solo se protegería la naturaleza: también se protegería a los propios clientes y al sector. La solución no siempre es fumigar. Lo que hace falta es conciencia, compromiso y respeto.

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